Nuevo año, nueva esperanza

Feliz año nuevo

En estas fechas, es muy común preguntar a los demás eso de “qué pides para el año nuevo“. Me he dado cuenta, con gran sorpresa, que la mayoría de gente responde “quedarme como estoy“. Lo que es irónico es que estas mismas personas se han quejado de la crisis, de su situación laboral, sentimental, etc. Por lo tanto, ¿qué les impulsa a responder semejante incoherencia? El miedo al cambio.

Lo conocido es familiar y si has aprendido a lidiar con ello, se convierte en cómodo. Es la forma en que conoces tu mundo y con la que te enfrentas a él. Si tu situación muta, deberás desarrollar nuevas herramientas para afrontar los cambios (sean positivos o negativos, a tu parecer). Pero en esta vida, el objetivo principal es aprender, mejorar y avanzar. Por lo tanto, tienes que abandonar tus patrones antiguos que te limitan y salir a buscar nuevas perspectivas. Esto sólo puede lograrse si abres tu mente y tomas una actitud de valentía y optimismo hacia el cambio.

Para empezar el nuevo año con esta mentalidad, deberás confeccionar una lista de propósitos. Es simple, piensa qué te gustaría pedir en todos los sectores de tu vida y escríbelo en un papel, como si de una carta a los Reyes Magos se tratara. Guárdala en algún sitio donde te acuerdes de su existencia y cada mes analízala, marca los deseos cumplidos y pon tu energía en marcha para conseguir que los demás se hagan realidad.

Empieza el año proponiéndote nuevas metas y objetivos. De esta forma, te estarás retando a lograr todo aquello que desees.

Felices fiestas y que tengas la mágica entrada para el nuevo año que te mereces.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

¿Te cuesta enfrentarte a la Navidad?

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Se acercan las fechas navideñas teñidas de recuerdos de infancia, familia, regalos, luces, compras de última hora, comidas copiosas. A lo largo de los años he descubierto que la Navidad es un momento que genera una gran controversia. Por una parte, están las personas que la aborrecen y por otro, las que la adoran. Sea como sea, todos solemos tener encuentros con familiares o amigos y eso nos empuja a conversar y relacionarnos socialmente.

Por ello, propongo que estos días previos a la Navidad practiques tus habilidades sociales, focalizándote cada día en un tema distinto:

  • Iniciar una conversación. Es importante saber “romper el hielo” cuando tienes un primer contacto con alguien que no conoces o que llevabas tiempo sin ver. Practica distintas formas de empezar una conversación con el máximo de gente posible.
  • Escucha activa. Se trata de centrar tu atención en la persona con la cual mantienes una conversación. Puede parecer sencillo a priori, pero conforme se van sumando minutos, la atención se dispersa. Tu trabajo será el de mantenerte alerta todo el tiempo, comprendiendo todo lo que se te cuenta.
  • Expresión de afecto. Transforma tu amor en gestos de cariño hacia las personas allegadas, ya que la rutina en ocasiones nos endurece un poco y olvidamos que todas las personas necesitamos sentir el amor de nuestros seres queridos. Practica tus demostraciones de cariño, desde el gesto más sutil hasta el abrazo más explosivo.
  • Empatía. Es un paso más allá de la escucha activa. Se trata de ponerte en los zapatos de la otra persona, de entender su situación, pero no como si te sucediera a ti, sino tal como lo vive esa persona. Es necesario, en este caso, formular preguntas para comprender mejor como siente el otro su historia.
  • Aceptar consejos. Con los tiempos que corren, es fácil que alguna conversación derive en la economía, el trabajo o problemas de otra índole. Es importante respetar los consejos que los demás ofrecen de buena voluntad, aunque no estés de acuerdo con alguno. Recógelo, medítalo y luego decide si lo puedes poner en práctica o no, pero no lo deseches inmediatamente porque puede que te pueda resultar de utilidad si lo transformas un poco.
  • Expresión de sentimientos de forma amable. Las emociones no pueden ni deben ser controladas, pero sí pueden canalizarse de una forma u otra. Te propongo que practiques la expresión de lo que sientes de forma tranquila y serena. Puede ser con gestos, palabras, actos, pero intenta tener cautela a la hora de soltar una emoción cuando la dirijas hacia otra persona porque ello genera un impacto en el otro.
  • Prestar ayuda a los demás. La Navidad es para compartir, pasarlo bien y disfrutar con los tuyos, así que es importante prestar especial atención a las necesidades de los demás. Despierta tu lado más generoso, paciente, comprensivo y ofrece lo que esté en tu mano para conseguir que estas fechas sean memorables para todos.

Y por último:

  • Relájate y disfruta. Entre la compra de regalos, la organización de eventos familiares y los ajetreos de las fiestas, es importante que no pases por alto el hecho de que las vacaciones son para pasarlo bien, así que ten presente que el objetivo es pasar buenos ratos. Cocina comida rica, guarda tiempo para pasarlo con tus amistades más cercanas, realiza actividades que te gusten… Estos días pre-navideños puedes organizar tus pequeños placeres para disfrutarlos en las fiestas.

Si practicas estos temas, la calidad de tus relaciones se incrementará. De este modo, te resultará mucho más sencillo y natural enfrentarte a la Navidad y a sus implicaciones sociales.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Las auto-soluciones

Auto-soluciones

La imagen que tenemos de nosotros mismos está íntimamente ligada con nuestro nivel de autoestima, por eso es importante fomentar el cambio y la mejora constante de los elementos de nuestra personalidad que no nos gustan. De este modo, estaremos incidiendo directamente en nuestra autoestima.

Te propongo el siguiente ejercicio, que es la creación de una auto-solución: escribe en un papel las características que te gustaría modificar. Una vez las tengas todas, elige una. Ésta será tu foco de trabajo. Ahora se trata de que describas cómo aparece esta característica negativa, en qué circumstancias, si depende del exterior o de ti mismo/a, cómo se manifiesta, si tienes el control o se te escapa de las manos. El objetivo de este paso es que descubras con exactitud a tu actitud “enemiga”. Posteriormente, deberás encontrar las armas para combatirla. Haz una lluvia de ideas de la forma en que podrías anular o rebajar su manifestación a partir de la información que tienes sobre ella. Aquí entra en juego tu creatividad. Salte del molde e inventa soluciones divertidas, diferentes, porque ya sabes, si siempre realizas lo mismo, los resultados serán los mismos.

Por ejemplo, si quiero trabajar mi impulsividad, después de analizar cómo se muestra y descubrir que una de sus características es que las palabras salen de mi boca sin control, ni filtro alguno y luego no estoy contenta con lo que he dicho, una posible solución sería la de tomar el mando a distancia de mí misma y añadir el botón mágico. En este caso, el PAUSE. Tengo que idear mi mando, pensar en él, dibujarlo si es preciso y guardármelo en el bolsillo, saber que está disponible para mí y a partir de ahora, cuando tenga esos impulsos, mentalmente le daré a la pausa y me permitiré tener unos segundos para pensar. Para obtener más precisión en los resultados, cada vez que me suceda la situación que deseo cambiar, anotaré si la he podido controlar con la nueva técnica o no.

Lo bueno de las auto-soluciones es que como las creas tú, puedes ir modificándolas siempre que quieras hasta que se adapten perfectamente a ti y te sean útiles. Así que no esperes a que el mundo cambie, empieza tú a mejorar como persona y ya verás como las cosas se mueven a tu alrededor, ya que cuando iniciamos algo nuevo, se crea una nueva energía que se proyecta al mundo.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Haz diana en tus objetivos

Diana en los objetivos

La percepción que tenemos de las cosas, personas y situaciones juega un papel primordial a la hora de interactuar con ellas.

En unos estudios realizados en la Universidad Nacional de Corea del Sur seleccionaron a un grupo de tiradores de arco experimentados. Su tarea era disparar a una diana que se encontraba a 50m de distancia. Justo después del tiro, les hacían girarse y ésta se retiraba, de manera que no sabían si habían acertado o no y luego les pedían que indicaran el tamaño del centro de la diana, que variaba desde 10mm de diámetro hasta 27mm. El curioso resultado de este experimento fue el siguiente: los arqueros que habían acertado el tiro dibujaban la diana más grande que los que habían fallado.

¿Qué siginifica esto? Cuando nos marcamos un objetivo, solemos tener una imagen de él (aunque no seamos conscientes de ello). Cuanto más grande, más probabilidades tendremos de que se cumpla, ya que inconscientemente lo estaremos proyectando como más fácil y alcanzable.

Por lo tanto, te propongo un ejercicio sencillo. Piensa en un objetivo que tengas.Ahora cierra los ojos e imagínatelo. Obsérvalo atentamente. Dónde está: a tu izquierda, al centro, a la derecha. ¿Es pequeño o grande? ¿Es en color o en blanco y negro? Una vez lo tengas situado y formado, agrandalo todo lo que puedas y acércalo hacia ti, tanto que casi lo tengas encima. A partir de ahora, imagínate cada día este objetivo durante unos minutos. No te olvides de su enorme tamaño, le estarás dando a tu inconsciente un claro mensaje: este objetivo es sencillo, ¡vamos a por él!

Ahora ya lo sabes, si proyectas una gran imagen de tus objetivos, tus flechas darán en la diana con mucha más facilidad.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Acueducto para las emociones

Durante el período de una semana nos suceden muchas cosas distintas y, por lo tanto, experimentamos emociones diversas. Algunas de ellas son expresadas y otras quedan guardadas en nuestro interior.

Las emociones son como el agua, a veces la marea está alta, otras está baja, hay períodos en los que reina la sequía y en otras ocasiones caen lluvias torrenciales. Nuestro trabajo es construir un sistema de canalización. De este modo, tendremos cierto control sobre ellas para que no nos sobrepasen, siempre dejando un gran espacio para que surjan con libertad y bailen por nuestro cuerpo.

Te propongo una actividad para que cada día expreses lo que has sentido y de este modo, vacíes tus depósitos emocionales y los dejes listos para que vuelvan a llenarse al día siguiente. Al finalizar la jornada, coje un papel y lápices de colores, rotuladores, plastidecors, acuarelas o cualquier otro material que tengas por casa e intenta expresar cómo te has sentido ese día en forma de dibujo. Puede ser alguna forma clara (como una casa o una cara), colores mezclados o lo que se te ocurra. Cuando hayas finalizado, ponle nombre a esas emociones. Por ejemplo, dibujas una sonrisa y escribes “alegría” o dibujas una nube negra y escribes “frustración”. Es un ejercicio muy libre en el que simplemente se trata de conectar con las emociones del día y luego nombrarlas para así ser consciente de cómo te has sentido. En un día puedes haber sentido infinidad de cosas, así que no te cortes a la hora de dibujar distintas sensaciones.

Este ejercicio sirve para tomar consciencia de lo que se siente y vaciar los depósitos. Es importante ir soltando emociones porque de este modo limpiamos nuestro interior y lo prevenimos de una “explosión” por acumulación. El dibujo y las palabras que lo definen serán, en este caso, tu acueducto particular para que puedas darle una salida a todo aquello que ha entrado durante el día.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Descubrir el origen de las emociones

Cada persona, situación, experiencia que se topa con nosotros, inevitablemente genera un impacto. A veces es mínimo y otras, enorme. Aunque no seamos capaces de verlo, nuestras conexiones neuronales se han modificado al recibir ese impacto. Esto significa que no somos inalterables, que lo que nos ocurre, nos afecta.

Una forma de exteriorizar es a través de las emociones. Cuando éstas se activan, nos damos cuenta claramente de que algo ha sucedido, pero no siempre indagamos sobre lo que ha ocurrido y de qué manera una experiencia concreta ha afectado nuestro estado de ánimo.

El ejercicio de hoy trata de ponerte en contacto con tus emociones, con los cambios que generan en ti las experiencias vividas a diario. Durante unos días, cada vez que sientas una emoción: como puede ser alegría, tristeza, rabia, amor, miedo, deberás apuntarla en un papel junto con la situación que la ha provocado, haciéndolo de la forma más concreta posible. Por ejemplo, he sentido nostalgia al encontrarme con un amigo de la juventud. La nostalgia estaría dentro de la categoría de tristeza, pero es más específica. Al final de cada jornada releerás tus emociones y de esta foma estarás siendo consciente de cómo te has sentido durante el día y qué lo ha provocado.

Si realizas este ejercicio de una forma continuada, al cabo de un tiempo serás capaz de descubrir el enlace entre las emociones y las experiencias que las generan y, por lo tanto, sabrás dónde buscar las emociones positivas cuando las necesites y también cómo evitar que las negativas se descontrolen, al conocer las situaciones que las disparan. Además, podrás ver qué emociones tienen más protagonismo y cuáles son las que quedan poco exploradas.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Tu kit de herramientas

Cuando nacemos no venimos sólo con lo puesto. Llevamos un kit básico de herramientas que cada vez se irá tornando en más sofisticado, si se aprende a usar. Este kit está formado por las habilidades que nos vienen de serie, esas que se espera que usemos porque nos ayudarán a cumplir nuestros objetivos y a situarnos en un camino que sea útil y provechoso para nosotros.

Todos disponemos de este kit, pero la dificultad principal es ser conscientes de ello. Es algo que tenemos incorporado en nuestro interior, que está ahí para ser desarrollado, pero muchas veces sólo alcanzamos a usar unas pocas herramientas porque no nos damos cuenta de que lo tenemos.

El ejercicio de hoy es preguntarte cuáles son esos poderes, las características especiales que están dentro de tu kit. Eso que se te da bien, que te gusta, que disfrutas realizando. No se trata de realizar una búsqueda superficial, sino algo más profundo (puedes probar a través de una meditación). ¿Qué es lo que de verdad te sale de forma natural? ¿En qué aspecto te desenvuelves como pez en el agua? Cuando lo hayas descubierto, poténcialo al máximo, conviértelo en una herramienta para tu trabajo y tu vida en general, sácale partido a este kit que siempre has tenido. Son tus valores básicos para desenvolverte en el mundo. Cuanto más los uses, más los dominarás y mejor te funcionarán.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Tiempo para ti

El otro día me enteré de que el gobierno quiere reducir las fiestas y eliminar puentes para que la gente trabaje más, pero pienso que es un contrasentido porque lo que la sociedad necesita cada vez más es tiempo para dedicarse a sí misma.

Nos encontramos en un momento delicado en el que la crisis está flotando en el ambiente y fomenta depresiones, ansiedades, desequilibrios. Por lo tanto, es importante que cada uno dedique un tiempo para cuidarse y relajarse de las tensiones diarias.

Propongo un ejercicio sencillo pero vital para tu equilibrio interno. Tómate cada día unos minutos para centrarte en ti: escucharte, preguntarte como estás, qué necesitas. Dialoga con tu ser interno, trata de dilucidar una forma de sentirte bien y ponla en práctica. Puede ser escuchar música, escribir, bailar, hacer ejercicio, mantener una conversación con un amigo… cualquier cosa que te agrade. También te propongo realizar una meditación porque de este modo estarás conectando con una parte más profunda de ti. En nuestra nueva sección encontrarás meditaciones gratuitas. Iremos actualizándola para que cada vez tengas más donde elegir.

Es importante que puedas tomarte cada día unos momentos para ti, porque en ocasiones nos ceñimos tanto al trabajo, a la rutina y los quehaceres diarios que se nos olvida que tenemos una vida para disfrutar y ser felices.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

La empatía

Según el diccionario de la Real Academia, empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Parece sencillo a priori, pero la cuestión tiene miga. Empecemos por el tema de que es imposible sentir exactamente lo que otra persona está padeciendo. Esto sucede porque cada uno tiene su bagaje: la mochila en la que trae sus aprendizajes, los patrones heredados, su experiencia. Esto ya te da un enfoque determinado de la vida, así como una estructura interna definida.

Además, cada uno tiene su propio concepto de empatía (si es que lo tiene) y lo pone en práctica como mejor le parece. A las personas nos gusta mucho deducir, sacar nuestras propias conclusiones de cada asunto. Por ello, tendemos a formarnos una idea mental de cualquier cosa con la mínima información. Y eso nos parece totalmente normal y correcto. Damos opiniones y consejos basados en suposiciones regadas por nuestra imaginación.

Para lograr obrar con la máxima rigurosidad posible (teniendo en cuenta que el concepto de “empatía” es muy subjetivo), te propongo el siguiente ejercicio. Cuando alguien te cuente algo que le ha sucedido, en lugar de traducir a tus propias palabras todo lo que dice, trata de repetírtelo por dentro a medida que va hablando. De esta forma estarás manteniendo ocupado tu cerebro y le será mucho más complicado juzgar y valorar lo que oye. Haz preguntas para rellenar los huecos de la historia que necesites saber, en lugar de imaginar o de suponer. Recuerda que es su historia, no la tuya, así que por mucho que hayas vivido algo similar, nunca será igual y te estarás perdiendo un montón de información sólo por creer que tu experiencia es la misma que la suya.

Este ejercicio puede parecer complicado las primeras veces que se practica, pero si lo conviertes en un hábito, pronto te saldrá solo y podrás dejar de estar pendiente de que tu mente invente.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Manual de Instrucciones para la Alegría

En la Universidad de Basel se realizó un experimento años atrás en el que descubrieron que el botox aliviaba los síntomas de la depresión. Eso era posible porque una de las fuentes de información que posee nuestro cerebro para determinar el estado de ánimo que tenemos (además de el tono de voz, la forma de caminar, nuestros gestos…) es la que le ofrecen los músculos faciales. Al inyectar botox, la expresión de la cara se reduce y el cerebro no detecta algunos de los indicadores de tristeza. (Fuente: Rincón de la Psicología).

Mi intención no es la de animar al personal a inyectarse, sino que me quedo con la parte más simbólica. Este experimento ofrece muchas pistas para darnos cuenta que es de suma importancia prestar atención a nuestro cuerpo. Dependiendo de como lo manejemos, le estaremos dando unas señales a nuestro cerebro para interpretar nuestro estado de ánimo, pero ¿qué sucedría si lo engañáramos de forma positiva?

El ejercicio de hoy trata de aportar algunas claves al Manual de Instrucciones para la Alegría. Primero de todo, tienes que revivir una situación en la que hayas estado muy alegre. Sitúate frente a un espejo y rememora lo que sentías, cómo te movías, qué pensabas, que cara ponías. Coge un papel y apúntalo todo, en detalle. Tómate tu tiempo para analizar el máximo de características posibles. Una vez tengas toda la información, deberás guardarla en un sitio que te quede a mano, como tu cartera, por ejemplo. Cuando algún día te sientas triste, con enfado, rabia o cualquier emoción que no te guste, sacarás tus Claves para la Alegría e intentarás cambiar todo lo que puedas: tu expresión facial, los gestos, la manera de andar, la postura corporal, imitando ese momento mágico. De esta forma estarás transmitiéndole un montón de señales a tu cerebro para que crea que está contento, entonces él generará endorfinas (que tienen efecto analgésico y transmiten sensación de bienestar) y se encargará de modificar los demás factores para que te sientas mejor.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)