Lenguaje con corazón

Corazón palabras

En el libro “El lenguaje del cambio”, Watzlawick presenta un interesante experimento llevado a cabo por el personal del emperador Federico II. Él quería saber cuál era el lenguaje natural y primitivo de los hombres. Para ello, puso bajo el cuidado de nodrizas de su corte a unos cuantos recién nacidos. La premisa era sencilla: había que alimentar y cuidar a los niños de la mejor forma posible pero sin articular una sola palabra en su presencia. El objetivo era descubrir en qué idioma empezaban a hablar los niños espontáneamente, sin haber escuchado antes ninguno. Lo realmente curioso de este experimento es que nunca pudo concluirse nada, puesto que todos los bebés murieron.

Este experimento fallido demuestra la gran importancia del lenguaje. ¿Cómo crees que sería pasarse una semana entera sin poder hablar, escuchar, ni leer nada ni a nadie? Sin televisión, radio, redes sociales, nada relacionado con el lenguaje. A mí me resulta agobiante sólo pensarlo. Hemos nacido para expresar, para comunicarnos con los demás y tenemos los recursos necesarios para lograrlo. Pero a veces nos encerramos demasiado en nosotros mismos, o nos da verguenza entablar una conversación, o pensamos que no tenemos derecho a transmitir nuestras opiniones en ciertos contextos. Por eso, hoy te propongo el siguiente ejercicio.

Intenta comunicarte con los demás lo máximo que puedas durante el día de hoy. No vale decir “yo hablo siempre”. Hoy será diferente, hoy hablarás con la intención de aprovechar esa gran herramienta que se te ha dado. ¿Cómo? Simplemente tratando a las personas con respeto, contestando de forma agradable, piropeando. El lenguaje tiene una fuerza increíble, nos puede hacer sentir genial o fatal. Yo te propongo que hoy escojas la primera opción desde que leas este artículo hasta que te acuestes. Esto significa mantener el control de tu lengua durante unas cuantas horas y procurar que salga la mayor cantidad posible de buenas palabras. Al final del día pregúntate cómo has hecho sentir a los demás y cómo te has sentido tú.

Como siempre, tienes una invitación para compartir tus experiencias en forma de comentario en el blog o en la página de facebook de El Árbol Dorado.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

¿Eres consciente de tu atención?

atención selectiva

¿Alguna vez has empezado a pensar en un tema concreto y de repente, fueras por donde fueras, te has topado con él? Me explico, cuando compré mi nueva moto hace unos años, dudaba entre dos modelos distintos. A partir del día en que los etiqueté como “mi posible moto”, los empecé a ver por la calle en repetidas ocasiones, cosa que jamás me había sucedido con anterioridad. Lo curioso es que cuando me decanté por una, la otra desapareció de mi vista y a día de hoy sigo viendo mi actual motocicleta mucho más de lo que la había visto antes de quererla.

¿Por qué ocurre esto? Dos palabras: atención selectiva. Es un fenómeno que se caracteriza por focalizar nuestra atención en un punto concreto  (en mi caso, unos modelos concretos de moto) y obviar estímulos irrelevantes (las demás centenares de motos con las que me cruzaba a diario).

Hay veces en que atendemos selectivamente a algo de forma consciente: a nuestro trabajo, a un amigo que nos está contando algo. Pero en otras ocasiones, la atención selectiva ocurre sin que nos demos cuenta, ya que está íntimamente ligada con nuestros pensamientos , sentimientos y creencias. Por ejemplo, si una persona es muy pesimista y siempre piensa en lo peor de cada situación, será muy probable que se vaya encontrando con estímulos que refuercen esta idea, puesto que estará focalizada en ellos y los estímulos contrarios pasarán desapercibidos con facilidad.

Es un concepto muy sencillo que puede ofrecer explicación a muchas cosas. Si tienes un pensamiento concreto, estarás predispuesto a que se cumpla porque te estarás focalizando en él.

Ahora que ya lo sabes, ¿qué prefieres, pensar siempre en negativo o en positivo? Lo dejo en tus manos.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Cuida tus expectativas

expectativas

Una de las cosas que más molestia me causa es cuando tengo expectativas sobre alguna situación, pongo mi energía para que se cumplan y luego sucede algo totalmente distinto a lo planeado. Por ejemplo, decido darle una sorpresa a mi novio y presentarme en su casa. Él lleva todo el día estudiando para sus exámenes y pienso que le hará ilusión verme  y descansar un poco. Me planeo toda la situación, su felicidad y agradecimiento, yo sientiéndome bien… Pero luego llego a su casa y su cara es un poema. Me pregunta por qué he venido, cuando me había dicho que necesitaba estudiar y yo no entiendo nada. Me enfado, me siento frustrada y poco valorada. Pero después, al tratar las cosas con más calma, él me cuenta que cuando queda conmigo, me quiere ofrecer tiempo de calidad, única y exclusivamente para mí y mientras estudia está estresado y nervioso y se siente mal si estoy alrededor luchando contra su mal humor.

Reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta que es una cuestión de empatía. Cuando las personas nos montamos películas o soñamos despiertas, lo solemos hacer centrándonos en nuestros intereses. Parece algo obvio y razonable a priori, pero cuando los planes que tenemos en mente incumben a otras personas, es muy probable que ellas piensen algo al respecto y tengan influencia sobre el resultado de dicho plan. Por lo tanto, es esencial tener en cuenta su opinión antes de finiquitar nuestra historia mental. De este modo nos ahorarremos malentendidos y decepciones infundadas.

Este tema puede aplicarse a los regalos. En numerosas ocasiones, las personas regalamos cosas que nos gustaría que nos regalaran o incluso que podemos aprovechar nosotras mismas. Pero es importante tener en cuenta qué le puede agradar al otro, cuáles son sus aficiones, necesidades, etc.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Cómo incrementar tu fuerza de voluntad

voluntad

 

 

¿Recuerdas mi reciente colaboración en el blog de Roberto Sánchez, Escucha Tu Cuerpo, con el artículo Cómo dejar de comer compulsivamente por ansiedad? Pues aquí tienes un nuevo tema, espero que te guste.

¿Qué es la voluntad?

El inicio de cualquier actividad siempre se encuentra en la voluntad. Es aquella fuerza que emana de nuestro interior y nos impulsa a realizar una acción concreta. ¿Alguna vez estabas inmerso/a en alguna tarea y de repente, se te ha ocurrido algo muy distinto y no has podido evitar levantarte y ponerlo en práctica? Eso es la voluntad en su esencia más pura. Es como un niño pequeño cuando ve algo que le gusta, va a por ello sin pensarlo.

La contrapartida

El principal problema con el que nos tenemos que enfrentar es que en ocasiones nuestra voluntad no aparece cuando nos gustaría, por ejemplo, en el momento de iniciar una dieta, de acudir al gimnasio, de estudiar… Son situaciones en las que desearíamos tener más empuje para realizar aquellas actividades que pueden resultar menos placenteras, pero necesarias y nuestra voluntad se ha deslizado por algún agujero.

¿Qué puedes hacer para aumentar tu fuerza de voluntad?

Para empezar, como siempre, practicar. La práctica hace al maestro, así que si quieres que tu determinación te acompañe en los momentos difíciles, enséñale a mostrarse más a menudo. Una buena manera de lograrlo sería cambiando el orden de tus quehaceres diarios, esas acciones que repites cada día en el mismo orden (siempre dentro de los límites de la practicidad). Por ejemplo, si siempre te duchas y luego desayunas, hazlo al revés. O cambia la mano con la que te cepillas los dientes. Son pequeños movimientos, pero éstos desencadenan un cambio en tu ruta neuronal, ya que la obligan a modificar sus circuitos. Para llevar a cabo cualquier cambio en tu forma habitual de desempeñar las acciones, necesitas la fuerza de voluntad.

También puedes encender la mecha de tu voluntad con el inicio de nuevas actividades que salgan de la rutina: escribe un cuento, monta un karaoke en tu casa, sal a cenar fuera un día entre semana, cualquier cosa que se salga de tu marco de actuación predeterminado. De esta forma, estarás generando movimiento y eso es una llamada a la acción para la voluntad.

Voluntad aplicada a un objetivo concreto

Si tienes clara una meta y sientes que tu voluntad no te acompaña tanto como tú quisieras, tienes que ofrecerle el ingrediente mágico: la motivación. En ocasiones, nos planteamos objetivos que queremos cumplir, pero por sí mismos no tienen la fuerza necesaria para movernos. Te sugiero que te preguntes ¿para qué quiero eso? Ofrécete una respuesta sincera y valora si te motiva lo suficiente como para tener ganas de mover cielo y tierra para conseguirlo. Si la respuesta es negativa, coge una libreta y pon en práctica el siguiente ejercicio:

Primero elige una motivación que sea potente, atractiva, que te incite a implicarte al máximo y escríbela. Por ejemplo, quiero ir de viaje con mi pareja a Nueva York. Este objetivo me gusta, pero debo potenciarlo con la incorporación de detalles, como en qué tipo de hotel me gustaría alojarme, qué quiero visitar, el vestido precioso que voy a llevar para una cena romántica, etc. Redacta tus deseos e ilústralos con imágenes o dibujos para darle un toque más visual. También puedes crear una banda sonora. Escoge canciones que te resulten sugerentes respecto a aquello que quieres lograr y escúchalas. En este ejemplo, la primera pieza de mi banda sonora sería indiscutiblemente “New York, New York”.

El siguiente paso será realizar alguna acción cada día que te acerque a tu objetivo, aunque sea pequeña. Apúntalo y a partir de ahora visita tu libreta asiduamente, alimenta tu objetivo con nuevos detalles y suma esos logros que te acercan a él.

En este ejercicio trata de concretar y detallar lo máximo posible porque eso ayudará a que te sientas parte de tu meta y, por lo tanto, la percibas como cercana, y también a que resulte muy atractiva para ti, de este modo sentirás más deseos de alcanzarla. Puedes añadir a la actividad cualquier elemento que se te ocurra, no hay límites, deja volar tu imaginación.

Si quieres obtener más herramientas para trabajar tu Voluntad más a fondo, tenemos un curso llamado El Árbol Dorado. El primer capítulo de este curso, Kether, está dedicado exclusivamente a la Voluntad. Consta de un autotest, de un corpus teórico, de ejercicios diarios, cuestionarios y hasta un cuento para inspirarte.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Las 72 Leyes Doradas, el fin de la era Murphy

Estamos cambiando de Era y la ciencia empieza a descubrir el poder de la mente. Hemos comprobado los resultados de la proyección (la mayoría de los deportistas de élite la utilizan), así que es tiempo de empezar a enfocar nuestros pensamientos en positivo. Es el momento de promulgar en nuestra vida Las 72 Leyes Doradas.

Se le atribuye a Edward A. Murphy la frase: si algo puede salir mal, saldrá mal, que dio lugar a toda una serie de “leyes” de corte pesimista que nos han estado siguiendo durante años. Todas ellas siguen la consigna: piensa mal y acertarás.

Esta visión de la vida forma parte de la antigua escuela, la que se basa, según la Tradición, en el Dios Jehová, situado en la Columna izquierda del Árbol de la Vida (el eje principal de la Cábala). Según ella es necesario pasar forzosamente por una experiencia dura para darle valor.

Ahora ha llegado ya el momento de promulgar nuevas leyes, de proyectar lo que realmente queremos vivir, leyes que sean acordes con lo que proclama la Era de Acuario y que se basen en la Columna derecha del Árbol de la Vida, la que nos enseña la parte fácil, dulce, agradable y amorosa de la vida. Es el fin de la era Murphy.

A este efecto hemos creado Las 72 Leyes Doradas. Cada día (de lunes a viernes) encontrarás una a la derecha de esta página Web. Si clicas en ella, verás su explicación, para que entiendas mejor a qué se refiere. La idea es que intentes llevar a cabo alguna acción que sea acorde con esa ley. Al mismo tiempo estamos preparando ejercicios que ayuden a que podamos cumplir con estas leyes.

Por supuesto, eres libre de adoptarlas o de seguir con las antiguas.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Tristán Llop y Silvia Llop

Lealtad a los principios

La CNN tiene una sección en el noticiero matinal que se llama “Héroes”. En ella muestran historias sobre personas o colectivos que se entregan a los demás, que realizan acciones por puro amor desinteresado. Muestran a gente leal a sus principios.

La lealtad a los principios es la base del desarrollo de nuestra realidad, de nuestra identidad, de lo que somos como seres humanos. No estamos hablando aquí de unos principios externos, de lo que alguien nos marca desde fuera, sino de nuestros principios internos, de seguir esa luz que a veces no sabemos ver pero que brilla como un faro en nuestro interior.

En ocasiones, los acontecimientos externos nos nublan tanto la razón que nos dejamos llevar por el tsunami de nuestras emociones y damos por buenas situaciones que son a todas luces execrables, las justificamos, perdemos así la brújula y navegamos sin rumbo.  Al hacerlo, transmitimos esa información a nuestras células, que la repercuten a los centros de control. El resultado es que nuestros gobernantes siguen la misma dinámica.

Cada acto, cada movimiento, genera a nuestro alrededor un nuevo universo, nuevas circunstancias, que nos llevarán a su vez a vivir otras, del mismo modo que las pepitas del tomate, al ser plantadas, darán nuevos tomates. Es tiempo pues de tomar conciencia de la repercusión de nuestros actos, pensamientos y sentimientos, en lugar de buscar siempre la culpa del maestro armero.

Quizá tu transformación no esté lejana, tal vez estas palabras resuenen en tu interior, quizá ha llegado el momento de descubrir el poder transmutador que posees, quizá empiece a circular por tus venas la sangre azul del idealismo, para que el caos deje de ser el termómetro por el que se mide el desarrollo de los pueblos. Es tiempo de plantearte las cosas desde la base del Amor incondicional o, lo que es lo mismo, desde la comprensión profunda.

Tenemos capacidad para sanarnos, para modificar nuestra realidad, por retorcida que nos parezca, pero debemos empezar por cambiar el pensamiento, por enfocar en positivo, por perdonarnos los errores y avanzar sin miedo hacia un mañana lleno de esperanza y de luz.

Reconstruir el orden natural debe ser nuestro principal objetivo, aportar armonía, rencontrar el ritmo perfecto en nuestro organismo, el personal y el general. En resumen, dar significado a nuestra vida, ser leales a nuestros principios.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Tristán Llop

Cómo dejar de comer compulsivamente por ansiedad

Hace unos días, mi amigo Roberto Sánchez (entrenador personal) me propuso colaborar en su blog Escucha tu Cuerpo, un espacio dedicado a la actividad física, la alimentación, el estilo de vida y muchos temas más que nos ayudan a equilibrar nuestro cuerpo. Me encantó la idea de aportar mi granito de arena a su fantástico blog, así que aquí tenéis mi primer artículo, enfocado a la ingesta compulsiva de comida. Iré colgando todas mis colaboraciones con él, pero os recomiendo que os apuntéis a visitar su “madriguera” asiduamente porque vale la pena.

La comida es un elemento esencial en nuestra vida por razones obvias, pero también tiene una vertiente psicológica: es una de las formas que tenemos las personas de expresar nuestras emociones y carencias. A través de lo que nos apetece, de nuestros impulsos y elecciones a la hora de asaltar la nevera, podemos descubrir qué nos falta y por lo tanto, detener la ingesta compulsiva, cubriendo esa necesidad de otro modo.

Cómo diferenciar comer por hambre o por ansiedad

La línea entre ambas conductas es fina y en ocasiones se encuentran solapadas, por lo que es difícil separalas tangencialmente. De todos modos, puedes reconocer la voracidad ansiosa cuando tienes un antojo de algun alimento concreto y en el momento que empiezas a ingerirlo, sientes que no puedes parar o que necesitas comer más, incluso después de saciarte. Esta conducta, además, suele tener lugar entre horas, es decir, entre comidas y la sensación principal no es la de hambre, como cuando te ruge el estómago, sino la de ansiedad.

Qué hacer para combatir esta ansiedad

Mientras estás en pleno apogeo es complicado detenerte, ya que te encuentras en un estado de descontrol emocional. El mejor momento para actuar es después y servirá para prevenir futuras recaídas. Se trata de que te preguntes qué necesidad está cubriendo la comida que has ingerido compulsivamente y la satisfagas. A continuación, tienes algunas claves para facilitarte la tarea.

Clasificación de alimentos y la necesidad interna que cubren

  • Azúcar: tener la necesidad de ingerir cualquier alimento dulce, denota una necesidad de cariño.
  • Sal: el consumo de comida salada significa necesidad de normas, estructura.
  • Picante: un antojo de comida picante en exceso evidencia la necesidad de vivir experiencias, de movimiento.

Cómo llevarlo a la práctica

Ahora que ya conoces las principales claves simbólicas del dulce, el salado y el picante, debes ser consciente de los ámbitos de tu vida en que tienes estas necesidades. Una vez los hayas identificado, piensa de qué manera puedes cubrirlas. Por ejemplo, si tu ingesta de azúcar está provocada por una falta de cariño a nivel de pareja, muéstrate más cariñosa con ella. Si por el contrario, tu falta de cariño la relacionas a no tener pareja, empieza por mostrar afecto a tus allegados: familia, amigos, compañeros de trabajo… Verás como así reduces tu necesidad de comer azúcares.

Por otro lado, si tus atracones son de comida más bien salada, debes buscar ese ámbito que se encuentra caótico y desordenado y establecer unas normas.

Cuando tu objeto de abuso sea el picante, crea nuevas cosas, muévete, haz ejercicio, visita nuevos lugares y estarás paliando esa necesidad.

La importancia del por qué

La ingesta de comida es otra de las formas que tenemos de expresarnos. Tanto la manera en que comemos (compulsiva, pausada, a trompicones) como el alimento elegido, nos dan una información muy valiosa sobre nosotros mismos: cómo estamos, qué nos falta. Si no nos gustan nuestras acciones o no son sanas para el cuerpo, pero conocemos el por qué las llevamos a cabo, podremos encontrar un modo distinto de saciar esas necesidades internas que todos tenemos en un momento dado. Es perfectamente normal sentir falta de cariño, de estructura, de movimiento, pero tenemos que encontrar otra forma de canalizarlo que no sea la ingesta compulsiva de alimentos.

Cada uno puede liberar su imaginación para encontrar nuevas maneras de endulzar, salar o añadir picante a su vida en sentido figurado. Animaros a dejar un comentario contando vuestros métodos para que los demás podamos ponerlos también en práctica.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Puedes cambiar tus circuitos

A lo largo de la vida nos suceden una gran cantidad de experiencias. No es fácil manejar emociones y mente a la vez, puesto que en ocasiones van en direcciones totalmente opuestas, creando conflictos. Pasamos una gran parte de nuestro tiempo haciendo malabares con nuestros impulsos, la ética, el deseo, el deber, lo que se espera de nosotros, lo que nos apetece, etc. y nuestra salud mental puede verse afectada por nuestra forma de manejar todo lo que forma parte de nuestro mundo (tanto el interior como el exterior).

No es de extrañar que se desencadenen procesos de desequilibrio, depresión, ansiedad, miedo como resultado de la gestión de nuestras emociones y pensamientos. El planteamiento común entre el mundo de la psicología, psiquiatría y medicina es el de etiquetar y clasificar las dolencias (físicas y mentales) y aplicar un tratamiento específico para su sanación.

La dificultad es la siguiente: el diagnóstico es una recogida de síntomas que pertenecen a una categoría específica, pero cada persona tiene un proceso diferente que le lleva ahí. Me explico, una persona puede encontrarse con situaciones muy concretas que le generan un miedo y ese miedo se convierte en una depresión mediante un proceso de sentirse mal, culpabilizarse, etc. Por lo tanto, puede que se esté tratando la depresión sin resultados o que consiga salir de ella pero vuelva a sucumbir al cabo de un tiempo. Esto será debido a que el origen de esa depresión es ese miedo hacia algunas circumstancias específicas y esto no ha sido tratadp.

Por lo tanto, cuando te encuentres en procesos complicados que se te van repitiendo o de los que no logras salir, es muy importante llegar al inicio, al punto concreto donde se generan: esa situación, ese pensamiento, esa emocion que desencadena todo lo demás. Cuando lo localices, tienes que ir tomando consciencia de la cadena que lo lleva al final, es decir los pasos que sigues para acabar en tu síntoma. Si logras darte cuenta del proceso que sigues, será mucho más sencillo librarte de él. ¿Cómo? Simplemente rompiendo esa cadena, alterando alguno de los pasos, añadiendo otro nuevo, etc.

Recuerda que tu cerebro está creado por circuitos neuronales y estos rigen la forma en que actúas frente a la vida. Si sigues siempre los mismos recorridos, llegarás a los resultados de siempre, pero si decides alterarlos realizando las cosas de manera distinta, el resultado también lo será. Cada vez que aprendes algo nuevo, creas un nuevo circuito así que tienes el poder de crear y modificar todos los circuitos que quieras. ¡Úsalo!

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Adaptación, ¿lastre o regalo?

En la universidad de Yale se realizó un experimento muy curioso en 2005 que trataba de lo siguiente:

Se llamaba a las personas de una en una para pasarles un video. La mitad de los sujetos veían imágenes de gente de la tercera edad sentados en un banco de un parque. A la otra mitad se le mostraba fotos de niños corriendo, saltando y jugando. Posteriormente, a ambos grupos se les formularon preguntas sin importancia y luego, sin que lo supieran, cronometraron el tiempo que tardaban en llegar desde la sala donde se encontraban hasta el ascensor. Descubrieron que las personas que habían visto las imágenes de personas mayores, caminaban más lentas y las que observaron a los niños, más rápidas.

Esto sucede porque inconscientemente adaptamos nuestra forma de actuar a lo que captamos del entorno en que nos movemos. Es un método de aprendizaje que tenemos incorporado y que sale solo, sin tenerlo que pensar.

Es importante que seamos conscientes de que nuestra mente procesa lo que percibimos y luego intenta crear un patrón de conducta que se parezca; porque una de las características que tenemos los humanos es que nos adaptamos a distintos ambientes. Por lo tanto, si nos juntamos frecuentemente con personas muy negativas, deprimidas, es muy probable que interioricemos de algún modo su forma de funcionar porque estaremos extrayendo su patrón de comportamiento sin darnos cuenta, nos mimetizamos con ellas. Lo mismo sucederá si salimos con gente positiva, exitosa. Esto no significa que seamos totalmente volubles y cambiemos de comportamiento cada vez que nos juntemos con alguien, pero sí que asimilamos alguno de sus patrones y sin darnos cuenta los convertimos en nuestros.

¿En qué ambiente te mueves? ¿Cómo piensan las personas de las que te rodeas a diario? ¿Crees que desde que vas con algún nuevo grupo, amistad, pareja, ha cambiado tu forma de ser? A partir de ahora, presta atención a tu alrededor e intenta formar parte de un contexto que te potencie, no que te limite.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

El orgullo

El orgullo es un atributo difícil de categorizar. En ocasiones, está íntimamente ligado con la autoestima, y cuando éste se hiere, la estimación por uno mismo queda también dañada. Por otro lado, podría relacionarse con la arrogancia. Una persona muy orgullosa sitúa a su ego en una posición elevada para que no se lo hieran con facilidad y eso le da una imagen de altiva. Asimismo, se podría definir como una satisfacción personal que experimentamos cuando cumplimos un objetivo o realizamos algo correctamente.

¿Tener orgullo es bueno o malo?

Cuesta determinar si ser una persona muy orgullosa es algo positivo o negativo. Yo me inclino a pensar que poco es insuficiente y mucho, demasiado. El orgullo refuerza nuestra auotestima y ayuda a otorgarnos un valor, pero al mismo tiempo, en grandes dosis, se alza como barrera casi impenetrable, generando separación, sobre todo cuando se emplea como protección para que los demás no nos hagan daño y puede derivar en encierro o aislamiento.

¿Cómo son las personas orgullosas?

Una persona muy orgullosa será reacia a perdonar y a volver a confiar en alguien que le ha ofendido. Una vez siente que alguien le ha agraviado, cierra sus compuertas y le es complicado volverlas a abrir.

¿Cómo tratar con estas personas?

La clave está en tener muy presente su alto grado de orgullo, en no herirlas o agraviarlas. Se toman muy en serio las críticas, así que hay que exponerlas de forma asertiva y suave.

¿Cómo rebajar tu nivel de orgullo?

Si te consideras una persona muy orgullosa y crees que esta característica te está generando problemas a la hora de relacionarte con los demás o de ser feliz, tienes que rebajar tu nivel de exigencia hacia ti y hacia los demás. Debes permitir un margen de error ya que está en nuestra naturaleza equivocarnos, hablar más de la cuenta, pasarnos de la raya… Para lograrlo, podrías construir una franja en tu mente llamada por ejemplo “franja de confianza”. Imagina mentalmente donde se situaría tu orgullo y esta franja estará antes. Dibújala con tu imaginación y sitúala en ese punto. Ahora cada vez que te encuentres en una situación en la que se dispare tu orgullo, permite que tu “franja de confianza” se interponga y valore la situación antes de reaccionar. Al principio puede que te resulte complicado, pero si lo vas trabajando conscientemente, llegará un momento en que habrás creado un nuevo programa en tu cerebro y esta franja se incorporará a tu protocolo de actuación, disparándose de forma automática cuando sea conveniente.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)