Lealtad a los principios

La CNN tiene una sección en el noticiero matinal que se llama “Héroes”. En ella muestran historias sobre personas o colectivos que se entregan a los demás, que realizan acciones por puro amor desinteresado. Muestran a gente leal a sus principios.

La lealtad a los principios es la base del desarrollo de nuestra realidad, de nuestra identidad, de lo que somos como seres humanos. No estamos hablando aquí de unos principios externos, de lo que alguien nos marca desde fuera, sino de nuestros principios internos, de seguir esa luz que a veces no sabemos ver pero que brilla como un faro en nuestro interior.

En ocasiones, los acontecimientos externos nos nublan tanto la razón que nos dejamos llevar por el tsunami de nuestras emociones y damos por buenas situaciones que son a todas luces execrables, las justificamos, perdemos así la brújula y navegamos sin rumbo.  Al hacerlo, transmitimos esa información a nuestras células, que la repercuten a los centros de control. El resultado es que nuestros gobernantes siguen la misma dinámica.

Cada acto, cada movimiento, genera a nuestro alrededor un nuevo universo, nuevas circunstancias, que nos llevarán a su vez a vivir otras, del mismo modo que las pepitas del tomate, al ser plantadas, darán nuevos tomates. Es tiempo pues de tomar conciencia de la repercusión de nuestros actos, pensamientos y sentimientos, en lugar de buscar siempre la culpa del maestro armero.

Quizá tu transformación no esté lejana, tal vez estas palabras resuenen en tu interior, quizá ha llegado el momento de descubrir el poder transmutador que posees, quizá empiece a circular por tus venas la sangre azul del idealismo, para que el caos deje de ser el termómetro por el que se mide el desarrollo de los pueblos. Es tiempo de plantearte las cosas desde la base del Amor incondicional o, lo que es lo mismo, desde la comprensión profunda.

Tenemos capacidad para sanarnos, para modificar nuestra realidad, por retorcida que nos parezca, pero debemos empezar por cambiar el pensamiento, por enfocar en positivo, por perdonarnos los errores y avanzar sin miedo hacia un mañana lleno de esperanza y de luz.

Reconstruir el orden natural debe ser nuestro principal objetivo, aportar armonía, rencontrar el ritmo perfecto en nuestro organismo, el personal y el general. En resumen, dar significado a nuestra vida, ser leales a nuestros principios.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Tristán Llop

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Descubrir el origen de las emociones

Cada persona, situación, experiencia que se topa con nosotros, inevitablemente genera un impacto. A veces es mínimo y otras, enorme. Aunque no seamos capaces de verlo, nuestras conexiones neuronales se han modificado al recibir ese impacto. Esto significa que no somos inalterables, que lo que nos ocurre, nos afecta.

Una forma de exteriorizar es a través de las emociones. Cuando éstas se activan, nos damos cuenta claramente de que algo ha sucedido, pero no siempre indagamos sobre lo que ha ocurrido y de qué manera una experiencia concreta ha afectado nuestro estado de ánimo.

El ejercicio de hoy trata de ponerte en contacto con tus emociones, con los cambios que generan en ti las experiencias vividas a diario. Durante unos días, cada vez que sientas una emoción: como puede ser alegría, tristeza, rabia, amor, miedo, deberás apuntarla en un papel junto con la situación que la ha provocado, haciéndolo de la forma más concreta posible. Por ejemplo, he sentido nostalgia al encontrarme con un amigo de la juventud. La nostalgia estaría dentro de la categoría de tristeza, pero es más específica. Al final de cada jornada releerás tus emociones y de esta foma estarás siendo consciente de cómo te has sentido durante el día y qué lo ha provocado.

Si realizas este ejercicio de una forma continuada, al cabo de un tiempo serás capaz de descubrir el enlace entre las emociones y las experiencias que las generan y, por lo tanto, sabrás dónde buscar las emociones positivas cuando las necesites y también cómo evitar que las negativas se descontrolen, al conocer las situaciones que las disparan. Además, podrás ver qué emociones tienen más protagonismo y cuáles son las que quedan poco exploradas.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Cómo dejar de comer compulsivamente por ansiedad

Hace unos días, mi amigo Roberto Sánchez (entrenador personal) me propuso colaborar en su blog Escucha tu Cuerpo, un espacio dedicado a la actividad física, la alimentación, el estilo de vida y muchos temas más que nos ayudan a equilibrar nuestro cuerpo. Me encantó la idea de aportar mi granito de arena a su fantástico blog, así que aquí tenéis mi primer artículo, enfocado a la ingesta compulsiva de comida. Iré colgando todas mis colaboraciones con él, pero os recomiendo que os apuntéis a visitar su “madriguera” asiduamente porque vale la pena.

La comida es un elemento esencial en nuestra vida por razones obvias, pero también tiene una vertiente psicológica: es una de las formas que tenemos las personas de expresar nuestras emociones y carencias. A través de lo que nos apetece, de nuestros impulsos y elecciones a la hora de asaltar la nevera, podemos descubrir qué nos falta y por lo tanto, detener la ingesta compulsiva, cubriendo esa necesidad de otro modo.

Cómo diferenciar comer por hambre o por ansiedad

La línea entre ambas conductas es fina y en ocasiones se encuentran solapadas, por lo que es difícil separalas tangencialmente. De todos modos, puedes reconocer la voracidad ansiosa cuando tienes un antojo de algun alimento concreto y en el momento que empiezas a ingerirlo, sientes que no puedes parar o que necesitas comer más, incluso después de saciarte. Esta conducta, además, suele tener lugar entre horas, es decir, entre comidas y la sensación principal no es la de hambre, como cuando te ruge el estómago, sino la de ansiedad.

Qué hacer para combatir esta ansiedad

Mientras estás en pleno apogeo es complicado detenerte, ya que te encuentras en un estado de descontrol emocional. El mejor momento para actuar es después y servirá para prevenir futuras recaídas. Se trata de que te preguntes qué necesidad está cubriendo la comida que has ingerido compulsivamente y la satisfagas. A continuación, tienes algunas claves para facilitarte la tarea.

Clasificación de alimentos y la necesidad interna que cubren

  • Azúcar: tener la necesidad de ingerir cualquier alimento dulce, denota una necesidad de cariño.
  • Sal: el consumo de comida salada significa necesidad de normas, estructura.
  • Picante: un antojo de comida picante en exceso evidencia la necesidad de vivir experiencias, de movimiento.

Cómo llevarlo a la práctica

Ahora que ya conoces las principales claves simbólicas del dulce, el salado y el picante, debes ser consciente de los ámbitos de tu vida en que tienes estas necesidades. Una vez los hayas identificado, piensa de qué manera puedes cubrirlas. Por ejemplo, si tu ingesta de azúcar está provocada por una falta de cariño a nivel de pareja, muéstrate más cariñosa con ella. Si por el contrario, tu falta de cariño la relacionas a no tener pareja, empieza por mostrar afecto a tus allegados: familia, amigos, compañeros de trabajo… Verás como así reduces tu necesidad de comer azúcares.

Por otro lado, si tus atracones son de comida más bien salada, debes buscar ese ámbito que se encuentra caótico y desordenado y establecer unas normas.

Cuando tu objeto de abuso sea el picante, crea nuevas cosas, muévete, haz ejercicio, visita nuevos lugares y estarás paliando esa necesidad.

La importancia del por qué

La ingesta de comida es otra de las formas que tenemos de expresarnos. Tanto la manera en que comemos (compulsiva, pausada, a trompicones) como el alimento elegido, nos dan una información muy valiosa sobre nosotros mismos: cómo estamos, qué nos falta. Si no nos gustan nuestras acciones o no son sanas para el cuerpo, pero conocemos el por qué las llevamos a cabo, podremos encontrar un modo distinto de saciar esas necesidades internas que todos tenemos en un momento dado. Es perfectamente normal sentir falta de cariño, de estructura, de movimiento, pero tenemos que encontrar otra forma de canalizarlo que no sea la ingesta compulsiva de alimentos.

Cada uno puede liberar su imaginación para encontrar nuevas maneras de endulzar, salar o añadir picante a su vida en sentido figurado. Animaros a dejar un comentario contando vuestros métodos para que los demás podamos ponerlos también en práctica.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Tu kit de herramientas

Cuando nacemos no venimos sólo con lo puesto. Llevamos un kit básico de herramientas que cada vez se irá tornando en más sofisticado, si se aprende a usar. Este kit está formado por las habilidades que nos vienen de serie, esas que se espera que usemos porque nos ayudarán a cumplir nuestros objetivos y a situarnos en un camino que sea útil y provechoso para nosotros.

Todos disponemos de este kit, pero la dificultad principal es ser conscientes de ello. Es algo que tenemos incorporado en nuestro interior, que está ahí para ser desarrollado, pero muchas veces sólo alcanzamos a usar unas pocas herramientas porque no nos damos cuenta de que lo tenemos.

El ejercicio de hoy es preguntarte cuáles son esos poderes, las características especiales que están dentro de tu kit. Eso que se te da bien, que te gusta, que disfrutas realizando. No se trata de realizar una búsqueda superficial, sino algo más profundo (puedes probar a través de una meditación). ¿Qué es lo que de verdad te sale de forma natural? ¿En qué aspecto te desenvuelves como pez en el agua? Cuando lo hayas descubierto, poténcialo al máximo, conviértelo en una herramienta para tu trabajo y tu vida en general, sácale partido a este kit que siempre has tenido. Son tus valores básicos para desenvolverte en el mundo. Cuanto más los uses, más los dominarás y mejor te funcionarán.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Tiempo para ti

El otro día me enteré de que el gobierno quiere reducir las fiestas y eliminar puentes para que la gente trabaje más, pero pienso que es un contrasentido porque lo que la sociedad necesita cada vez más es tiempo para dedicarse a sí misma.

Nos encontramos en un momento delicado en el que la crisis está flotando en el ambiente y fomenta depresiones, ansiedades, desequilibrios. Por lo tanto, es importante que cada uno dedique un tiempo para cuidarse y relajarse de las tensiones diarias.

Propongo un ejercicio sencillo pero vital para tu equilibrio interno. Tómate cada día unos minutos para centrarte en ti: escucharte, preguntarte como estás, qué necesitas. Dialoga con tu ser interno, trata de dilucidar una forma de sentirte bien y ponla en práctica. Puede ser escuchar música, escribir, bailar, hacer ejercicio, mantener una conversación con un amigo… cualquier cosa que te agrade. También te propongo realizar una meditación porque de este modo estarás conectando con una parte más profunda de ti. En nuestra nueva sección encontrarás meditaciones gratuitas. Iremos actualizándola para que cada vez tengas más donde elegir.

Es importante que puedas tomarte cada día unos momentos para ti, porque en ocasiones nos ceñimos tanto al trabajo, a la rutina y los quehaceres diarios que se nos olvida que tenemos una vida para disfrutar y ser felices.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

La empatía

Según el diccionario de la Real Academia, empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Parece sencillo a priori, pero la cuestión tiene miga. Empecemos por el tema de que es imposible sentir exactamente lo que otra persona está padeciendo. Esto sucede porque cada uno tiene su bagaje: la mochila en la que trae sus aprendizajes, los patrones heredados, su experiencia. Esto ya te da un enfoque determinado de la vida, así como una estructura interna definida.

Además, cada uno tiene su propio concepto de empatía (si es que lo tiene) y lo pone en práctica como mejor le parece. A las personas nos gusta mucho deducir, sacar nuestras propias conclusiones de cada asunto. Por ello, tendemos a formarnos una idea mental de cualquier cosa con la mínima información. Y eso nos parece totalmente normal y correcto. Damos opiniones y consejos basados en suposiciones regadas por nuestra imaginación.

Para lograr obrar con la máxima rigurosidad posible (teniendo en cuenta que el concepto de “empatía” es muy subjetivo), te propongo el siguiente ejercicio. Cuando alguien te cuente algo que le ha sucedido, en lugar de traducir a tus propias palabras todo lo que dice, trata de repetírtelo por dentro a medida que va hablando. De esta forma estarás manteniendo ocupado tu cerebro y le será mucho más complicado juzgar y valorar lo que oye. Haz preguntas para rellenar los huecos de la historia que necesites saber, en lugar de imaginar o de suponer. Recuerda que es su historia, no la tuya, así que por mucho que hayas vivido algo similar, nunca será igual y te estarás perdiendo un montón de información sólo por creer que tu experiencia es la misma que la suya.

Este ejercicio puede parecer complicado las primeras veces que se practica, pero si lo conviertes en un hábito, pronto te saldrá solo y podrás dejar de estar pendiente de que tu mente invente.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Manual de Instrucciones para la Alegría

En la Universidad de Basel se realizó un experimento años atrás en el que descubrieron que el botox aliviaba los síntomas de la depresión. Eso era posible porque una de las fuentes de información que posee nuestro cerebro para determinar el estado de ánimo que tenemos (además de el tono de voz, la forma de caminar, nuestros gestos…) es la que le ofrecen los músculos faciales. Al inyectar botox, la expresión de la cara se reduce y el cerebro no detecta algunos de los indicadores de tristeza. (Fuente: Rincón de la Psicología).

Mi intención no es la de animar al personal a inyectarse, sino que me quedo con la parte más simbólica. Este experimento ofrece muchas pistas para darnos cuenta que es de suma importancia prestar atención a nuestro cuerpo. Dependiendo de como lo manejemos, le estaremos dando unas señales a nuestro cerebro para interpretar nuestro estado de ánimo, pero ¿qué sucedría si lo engañáramos de forma positiva?

El ejercicio de hoy trata de aportar algunas claves al Manual de Instrucciones para la Alegría. Primero de todo, tienes que revivir una situación en la que hayas estado muy alegre. Sitúate frente a un espejo y rememora lo que sentías, cómo te movías, qué pensabas, que cara ponías. Coge un papel y apúntalo todo, en detalle. Tómate tu tiempo para analizar el máximo de características posibles. Una vez tengas toda la información, deberás guardarla en un sitio que te quede a mano, como tu cartera, por ejemplo. Cuando algún día te sientas triste, con enfado, rabia o cualquier emoción que no te guste, sacarás tus Claves para la Alegría e intentarás cambiar todo lo que puedas: tu expresión facial, los gestos, la manera de andar, la postura corporal, imitando ese momento mágico. De esta forma estarás transmitiéndole un montón de señales a tu cerebro para que crea que está contento, entonces él generará endorfinas (que tienen efecto analgésico y transmiten sensación de bienestar) y se encargará de modificar los demás factores para que te sientas mejor.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Puedes cambiar tus circuitos

A lo largo de la vida nos suceden una gran cantidad de experiencias. No es fácil manejar emociones y mente a la vez, puesto que en ocasiones van en direcciones totalmente opuestas, creando conflictos. Pasamos una gran parte de nuestro tiempo haciendo malabares con nuestros impulsos, la ética, el deseo, el deber, lo que se espera de nosotros, lo que nos apetece, etc. y nuestra salud mental puede verse afectada por nuestra forma de manejar todo lo que forma parte de nuestro mundo (tanto el interior como el exterior).

No es de extrañar que se desencadenen procesos de desequilibrio, depresión, ansiedad, miedo como resultado de la gestión de nuestras emociones y pensamientos. El planteamiento común entre el mundo de la psicología, psiquiatría y medicina es el de etiquetar y clasificar las dolencias (físicas y mentales) y aplicar un tratamiento específico para su sanación.

La dificultad es la siguiente: el diagnóstico es una recogida de síntomas que pertenecen a una categoría específica, pero cada persona tiene un proceso diferente que le lleva ahí. Me explico, una persona puede encontrarse con situaciones muy concretas que le generan un miedo y ese miedo se convierte en una depresión mediante un proceso de sentirse mal, culpabilizarse, etc. Por lo tanto, puede que se esté tratando la depresión sin resultados o que consiga salir de ella pero vuelva a sucumbir al cabo de un tiempo. Esto será debido a que el origen de esa depresión es ese miedo hacia algunas circumstancias específicas y esto no ha sido tratadp.

Por lo tanto, cuando te encuentres en procesos complicados que se te van repitiendo o de los que no logras salir, es muy importante llegar al inicio, al punto concreto donde se generan: esa situación, ese pensamiento, esa emocion que desencadena todo lo demás. Cuando lo localices, tienes que ir tomando consciencia de la cadena que lo lleva al final, es decir los pasos que sigues para acabar en tu síntoma. Si logras darte cuenta del proceso que sigues, será mucho más sencillo librarte de él. ¿Cómo? Simplemente rompiendo esa cadena, alterando alguno de los pasos, añadiendo otro nuevo, etc.

Recuerda que tu cerebro está creado por circuitos neuronales y estos rigen la forma en que actúas frente a la vida. Si sigues siempre los mismos recorridos, llegarás a los resultados de siempre, pero si decides alterarlos realizando las cosas de manera distinta, el resultado también lo será. Cada vez que aprendes algo nuevo, creas un nuevo circuito así que tienes el poder de crear y modificar todos los circuitos que quieras. ¡Úsalo!

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

El tamaño importa

Cuando recordamos acontecimientos de nuestra vida, solemos otorgarles forma, color, tamaño, movimiento. Es posible que no seamos conscientes de ello, pero si nos fijamos, les estamos dando propiedades y éstas varían en función de si el momento fue agradable o desagradable para nosotros. Además, carecemos de objetividad, estamos sujetos a muchos factores que determinarán cómo valoramos cada situación y cómo la rememoramos posteriormente.

El ejercicio de hoy trata de convertir los problemas en minucias y las victorias en grandes acontecimientos. En ocasiones, dotamos a las contrariedades de la vida de un poder demasiado elevado y ninguneamos los éxitos. Hoy céntrate en un problema que recuerdas como importante, o selecciona un malestar que te acucie en estos momentos. Intenta darle forma, verlo nítidamente. No importa si es una persona, una situación o un borrón indescifrable. Tú deja volar tu imaginación y que ella se encargue. A continuación, reduce sustancialmente ese problema hasta el tamaño que consideres apropiado para que se convierta en algo sin importancia y almacénalo en tu mente. Ahora piensa en un éxito que hayas tenido y proyéctalo en tu mente con el máximo detalle posible. El siguiente paso es agrandarlo hasta que creas que sientas el placer que emana de él. El objetivo es otorgarle una importancia superior, permitir que active tu autoestima, que te haga ser consciente de tu valía.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Empréndete

Hace años entrevistaron a Onassis, el gran magnate griego.

– Señor Onassis, ¿me podría decir cuál es el secreto del éxito?
– ¿Ve esa lámpara de ahí? – dijo Onassis mientras la señalaba -.
El periodista giró la cabeza y contestó un pasmado:
– Sí…
– Pues yo la vi antes.

Esta respuesta muestra cómo funciona la mente de las personas emprendedoras y de éxito, siempre en estado de alerta y analizando cada detalle.

A veces me da la sensación de que andamos por la vida medio dormidos, sin un rumbo fijo, moviéndonos a merced del viento, de los acontecimientos. Un buen día despertaremos y nos preguntaremos por qué hemos estado perdiendo el tiempo en actividades que nos aportaban tan poco. Yo sugiero que el momento sea ahora y te propongo un ejercicio.

Analiza cómo empleas tu tiempo realizando un seguimiento de todo lo que haces en una semana. Luego piensa en una forma de ahorrar minutos: elimina o recorta el tiempo que dedicas a cosas que no te aportan un beneficio (por ejemplo, pasar horas en internet divagando por el facebook, twitter u otras páginas web). Después piensa en un objetivo y añade nuevas actividades que te sean útiles para lo que tú quieres conseguir (buscar información sobre algo, ir a algún sitio, apuntarte a un curso…). De este modo estarás optimizando tu tiempo y enfocándote en aquello que quieres, sin distracciones.

Recuerda que es importante que prestes siempre atención a lo que sucede a tu alrededor, ya que de este modo podrás atrapar las oportunidades cuando se te presenten.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)