Lenguaje con corazón

Corazón palabras

En el libro “El lenguaje del cambio”, Watzlawick presenta un interesante experimento llevado a cabo por el personal del emperador Federico II. Él quería saber cuál era el lenguaje natural y primitivo de los hombres. Para ello, puso bajo el cuidado de nodrizas de su corte a unos cuantos recién nacidos. La premisa era sencilla: había que alimentar y cuidar a los niños de la mejor forma posible pero sin articular una sola palabra en su presencia. El objetivo era descubrir en qué idioma empezaban a hablar los niños espontáneamente, sin haber escuchado antes ninguno. Lo realmente curioso de este experimento es que nunca pudo concluirse nada, puesto que todos los bebés murieron.

Este experimento fallido demuestra la gran importancia del lenguaje. ¿Cómo crees que sería pasarse una semana entera sin poder hablar, escuchar, ni leer nada ni a nadie? Sin televisión, radio, redes sociales, nada relacionado con el lenguaje. A mí me resulta agobiante sólo pensarlo. Hemos nacido para expresar, para comunicarnos con los demás y tenemos los recursos necesarios para lograrlo. Pero a veces nos encerramos demasiado en nosotros mismos, o nos da verguenza entablar una conversación, o pensamos que no tenemos derecho a transmitir nuestras opiniones en ciertos contextos. Por eso, hoy te propongo el siguiente ejercicio.

Intenta comunicarte con los demás lo máximo que puedas durante el día de hoy. No vale decir “yo hablo siempre”. Hoy será diferente, hoy hablarás con la intención de aprovechar esa gran herramienta que se te ha dado. ¿Cómo? Simplemente tratando a las personas con respeto, contestando de forma agradable, piropeando. El lenguaje tiene una fuerza increíble, nos puede hacer sentir genial o fatal. Yo te propongo que hoy escojas la primera opción desde que leas este artículo hasta que te acuestes. Esto significa mantener el control de tu lengua durante unas cuantas horas y procurar que salga la mayor cantidad posible de buenas palabras. Al final del día pregúntate cómo has hecho sentir a los demás y cómo te has sentido tú.

Como siempre, tienes una invitación para compartir tus experiencias en forma de comentario en el blog o en la página de facebook de El Árbol Dorado.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Nuevo año, nueva esperanza

Feliz año nuevo

En estas fechas, es muy común preguntar a los demás eso de “qué pides para el año nuevo“. Me he dado cuenta, con gran sorpresa, que la mayoría de gente responde “quedarme como estoy“. Lo que es irónico es que estas mismas personas se han quejado de la crisis, de su situación laboral, sentimental, etc. Por lo tanto, ¿qué les impulsa a responder semejante incoherencia? El miedo al cambio.

Lo conocido es familiar y si has aprendido a lidiar con ello, se convierte en cómodo. Es la forma en que conoces tu mundo y con la que te enfrentas a él. Si tu situación muta, deberás desarrollar nuevas herramientas para afrontar los cambios (sean positivos o negativos, a tu parecer). Pero en esta vida, el objetivo principal es aprender, mejorar y avanzar. Por lo tanto, tienes que abandonar tus patrones antiguos que te limitan y salir a buscar nuevas perspectivas. Esto sólo puede lograrse si abres tu mente y tomas una actitud de valentía y optimismo hacia el cambio.

Para empezar el nuevo año con esta mentalidad, deberás confeccionar una lista de propósitos. Es simple, piensa qué te gustaría pedir en todos los sectores de tu vida y escríbelo en un papel, como si de una carta a los Reyes Magos se tratara. Guárdala en algún sitio donde te acuerdes de su existencia y cada mes analízala, marca los deseos cumplidos y pon tu energía en marcha para conseguir que los demás se hagan realidad.

Empieza el año proponiéndote nuevas metas y objetivos. De esta forma, te estarás retando a lograr todo aquello que desees.

Felices fiestas y que tengas la mágica entrada para el nuevo año que te mereces.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

¿Te cuesta enfrentarte a la Navidad?

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Se acercan las fechas navideñas teñidas de recuerdos de infancia, familia, regalos, luces, compras de última hora, comidas copiosas. A lo largo de los años he descubierto que la Navidad es un momento que genera una gran controversia. Por una parte, están las personas que la aborrecen y por otro, las que la adoran. Sea como sea, todos solemos tener encuentros con familiares o amigos y eso nos empuja a conversar y relacionarnos socialmente.

Por ello, propongo que estos días previos a la Navidad practiques tus habilidades sociales, focalizándote cada día en un tema distinto:

  • Iniciar una conversación. Es importante saber “romper el hielo” cuando tienes un primer contacto con alguien que no conoces o que llevabas tiempo sin ver. Practica distintas formas de empezar una conversación con el máximo de gente posible.
  • Escucha activa. Se trata de centrar tu atención en la persona con la cual mantienes una conversación. Puede parecer sencillo a priori, pero conforme se van sumando minutos, la atención se dispersa. Tu trabajo será el de mantenerte alerta todo el tiempo, comprendiendo todo lo que se te cuenta.
  • Expresión de afecto. Transforma tu amor en gestos de cariño hacia las personas allegadas, ya que la rutina en ocasiones nos endurece un poco y olvidamos que todas las personas necesitamos sentir el amor de nuestros seres queridos. Practica tus demostraciones de cariño, desde el gesto más sutil hasta el abrazo más explosivo.
  • Empatía. Es un paso más allá de la escucha activa. Se trata de ponerte en los zapatos de la otra persona, de entender su situación, pero no como si te sucediera a ti, sino tal como lo vive esa persona. Es necesario, en este caso, formular preguntas para comprender mejor como siente el otro su historia.
  • Aceptar consejos. Con los tiempos que corren, es fácil que alguna conversación derive en la economía, el trabajo o problemas de otra índole. Es importante respetar los consejos que los demás ofrecen de buena voluntad, aunque no estés de acuerdo con alguno. Recógelo, medítalo y luego decide si lo puedes poner en práctica o no, pero no lo deseches inmediatamente porque puede que te pueda resultar de utilidad si lo transformas un poco.
  • Expresión de sentimientos de forma amable. Las emociones no pueden ni deben ser controladas, pero sí pueden canalizarse de una forma u otra. Te propongo que practiques la expresión de lo que sientes de forma tranquila y serena. Puede ser con gestos, palabras, actos, pero intenta tener cautela a la hora de soltar una emoción cuando la dirijas hacia otra persona porque ello genera un impacto en el otro.
  • Prestar ayuda a los demás. La Navidad es para compartir, pasarlo bien y disfrutar con los tuyos, así que es importante prestar especial atención a las necesidades de los demás. Despierta tu lado más generoso, paciente, comprensivo y ofrece lo que esté en tu mano para conseguir que estas fechas sean memorables para todos.

Y por último:

  • Relájate y disfruta. Entre la compra de regalos, la organización de eventos familiares y los ajetreos de las fiestas, es importante que no pases por alto el hecho de que las vacaciones son para pasarlo bien, así que ten presente que el objetivo es pasar buenos ratos. Cocina comida rica, guarda tiempo para pasarlo con tus amistades más cercanas, realiza actividades que te gusten… Estos días pre-navideños puedes organizar tus pequeños placeres para disfrutarlos en las fiestas.

Si practicas estos temas, la calidad de tus relaciones se incrementará. De este modo, te resultará mucho más sencillo y natural enfrentarte a la Navidad y a sus implicaciones sociales.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Cómo incrementar tu fuerza de voluntad

voluntad

 

 

¿Recuerdas mi reciente colaboración en el blog de Roberto Sánchez, Escucha Tu Cuerpo, con el artículo Cómo dejar de comer compulsivamente por ansiedad? Pues aquí tienes un nuevo tema, espero que te guste.

¿Qué es la voluntad?

El inicio de cualquier actividad siempre se encuentra en la voluntad. Es aquella fuerza que emana de nuestro interior y nos impulsa a realizar una acción concreta. ¿Alguna vez estabas inmerso/a en alguna tarea y de repente, se te ha ocurrido algo muy distinto y no has podido evitar levantarte y ponerlo en práctica? Eso es la voluntad en su esencia más pura. Es como un niño pequeño cuando ve algo que le gusta, va a por ello sin pensarlo.

La contrapartida

El principal problema con el que nos tenemos que enfrentar es que en ocasiones nuestra voluntad no aparece cuando nos gustaría, por ejemplo, en el momento de iniciar una dieta, de acudir al gimnasio, de estudiar… Son situaciones en las que desearíamos tener más empuje para realizar aquellas actividades que pueden resultar menos placenteras, pero necesarias y nuestra voluntad se ha deslizado por algún agujero.

¿Qué puedes hacer para aumentar tu fuerza de voluntad?

Para empezar, como siempre, practicar. La práctica hace al maestro, así que si quieres que tu determinación te acompañe en los momentos difíciles, enséñale a mostrarse más a menudo. Una buena manera de lograrlo sería cambiando el orden de tus quehaceres diarios, esas acciones que repites cada día en el mismo orden (siempre dentro de los límites de la practicidad). Por ejemplo, si siempre te duchas y luego desayunas, hazlo al revés. O cambia la mano con la que te cepillas los dientes. Son pequeños movimientos, pero éstos desencadenan un cambio en tu ruta neuronal, ya que la obligan a modificar sus circuitos. Para llevar a cabo cualquier cambio en tu forma habitual de desempeñar las acciones, necesitas la fuerza de voluntad.

También puedes encender la mecha de tu voluntad con el inicio de nuevas actividades que salgan de la rutina: escribe un cuento, monta un karaoke en tu casa, sal a cenar fuera un día entre semana, cualquier cosa que se salga de tu marco de actuación predeterminado. De esta forma, estarás generando movimiento y eso es una llamada a la acción para la voluntad.

Voluntad aplicada a un objetivo concreto

Si tienes clara una meta y sientes que tu voluntad no te acompaña tanto como tú quisieras, tienes que ofrecerle el ingrediente mágico: la motivación. En ocasiones, nos planteamos objetivos que queremos cumplir, pero por sí mismos no tienen la fuerza necesaria para movernos. Te sugiero que te preguntes ¿para qué quiero eso? Ofrécete una respuesta sincera y valora si te motiva lo suficiente como para tener ganas de mover cielo y tierra para conseguirlo. Si la respuesta es negativa, coge una libreta y pon en práctica el siguiente ejercicio:

Primero elige una motivación que sea potente, atractiva, que te incite a implicarte al máximo y escríbela. Por ejemplo, quiero ir de viaje con mi pareja a Nueva York. Este objetivo me gusta, pero debo potenciarlo con la incorporación de detalles, como en qué tipo de hotel me gustaría alojarme, qué quiero visitar, el vestido precioso que voy a llevar para una cena romántica, etc. Redacta tus deseos e ilústralos con imágenes o dibujos para darle un toque más visual. También puedes crear una banda sonora. Escoge canciones que te resulten sugerentes respecto a aquello que quieres lograr y escúchalas. En este ejemplo, la primera pieza de mi banda sonora sería indiscutiblemente “New York, New York”.

El siguiente paso será realizar alguna acción cada día que te acerque a tu objetivo, aunque sea pequeña. Apúntalo y a partir de ahora visita tu libreta asiduamente, alimenta tu objetivo con nuevos detalles y suma esos logros que te acercan a él.

En este ejercicio trata de concretar y detallar lo máximo posible porque eso ayudará a que te sientas parte de tu meta y, por lo tanto, la percibas como cercana, y también a que resulte muy atractiva para ti, de este modo sentirás más deseos de alcanzarla. Puedes añadir a la actividad cualquier elemento que se te ocurra, no hay límites, deja volar tu imaginación.

Si quieres obtener más herramientas para trabajar tu Voluntad más a fondo, tenemos un curso llamado El Árbol Dorado. El primer capítulo de este curso, Kether, está dedicado exclusivamente a la Voluntad. Consta de un autotest, de un corpus teórico, de ejercicios diarios, cuestionarios y hasta un cuento para inspirarte.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Las auto-soluciones

Auto-soluciones

La imagen que tenemos de nosotros mismos está íntimamente ligada con nuestro nivel de autoestima, por eso es importante fomentar el cambio y la mejora constante de los elementos de nuestra personalidad que no nos gustan. De este modo, estaremos incidiendo directamente en nuestra autoestima.

Te propongo el siguiente ejercicio, que es la creación de una auto-solución: escribe en un papel las características que te gustaría modificar. Una vez las tengas todas, elige una. Ésta será tu foco de trabajo. Ahora se trata de que describas cómo aparece esta característica negativa, en qué circumstancias, si depende del exterior o de ti mismo/a, cómo se manifiesta, si tienes el control o se te escapa de las manos. El objetivo de este paso es que descubras con exactitud a tu actitud “enemiga”. Posteriormente, deberás encontrar las armas para combatirla. Haz una lluvia de ideas de la forma en que podrías anular o rebajar su manifestación a partir de la información que tienes sobre ella. Aquí entra en juego tu creatividad. Salte del molde e inventa soluciones divertidas, diferentes, porque ya sabes, si siempre realizas lo mismo, los resultados serán los mismos.

Por ejemplo, si quiero trabajar mi impulsividad, después de analizar cómo se muestra y descubrir que una de sus características es que las palabras salen de mi boca sin control, ni filtro alguno y luego no estoy contenta con lo que he dicho, una posible solución sería la de tomar el mando a distancia de mí misma y añadir el botón mágico. En este caso, el PAUSE. Tengo que idear mi mando, pensar en él, dibujarlo si es preciso y guardármelo en el bolsillo, saber que está disponible para mí y a partir de ahora, cuando tenga esos impulsos, mentalmente le daré a la pausa y me permitiré tener unos segundos para pensar. Para obtener más precisión en los resultados, cada vez que me suceda la situación que deseo cambiar, anotaré si la he podido controlar con la nueva técnica o no.

Lo bueno de las auto-soluciones es que como las creas tú, puedes ir modificándolas siempre que quieras hasta que se adapten perfectamente a ti y te sean útiles. Así que no esperes a que el mundo cambie, empieza tú a mejorar como persona y ya verás como las cosas se mueven a tu alrededor, ya que cuando iniciamos algo nuevo, se crea una nueva energía que se proyecta al mundo.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Haz diana en tus objetivos

Diana en los objetivos

La percepción que tenemos de las cosas, personas y situaciones juega un papel primordial a la hora de interactuar con ellas.

En unos estudios realizados en la Universidad Nacional de Corea del Sur seleccionaron a un grupo de tiradores de arco experimentados. Su tarea era disparar a una diana que se encontraba a 50m de distancia. Justo después del tiro, les hacían girarse y ésta se retiraba, de manera que no sabían si habían acertado o no y luego les pedían que indicaran el tamaño del centro de la diana, que variaba desde 10mm de diámetro hasta 27mm. El curioso resultado de este experimento fue el siguiente: los arqueros que habían acertado el tiro dibujaban la diana más grande que los que habían fallado.

¿Qué siginifica esto? Cuando nos marcamos un objetivo, solemos tener una imagen de él (aunque no seamos conscientes de ello). Cuanto más grande, más probabilidades tendremos de que se cumpla, ya que inconscientemente lo estaremos proyectando como más fácil y alcanzable.

Por lo tanto, te propongo un ejercicio sencillo. Piensa en un objetivo que tengas.Ahora cierra los ojos e imagínatelo. Obsérvalo atentamente. Dónde está: a tu izquierda, al centro, a la derecha. ¿Es pequeño o grande? ¿Es en color o en blanco y negro? Una vez lo tengas situado y formado, agrandalo todo lo que puedas y acércalo hacia ti, tanto que casi lo tengas encima. A partir de ahora, imagínate cada día este objetivo durante unos minutos. No te olvides de su enorme tamaño, le estarás dando a tu inconsciente un claro mensaje: este objetivo es sencillo, ¡vamos a por él!

Ahora ya lo sabes, si proyectas una gran imagen de tus objetivos, tus flechas darán en la diana con mucha más facilidad.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Acueducto para las emociones

Durante el período de una semana nos suceden muchas cosas distintas y, por lo tanto, experimentamos emociones diversas. Algunas de ellas son expresadas y otras quedan guardadas en nuestro interior.

Las emociones son como el agua, a veces la marea está alta, otras está baja, hay períodos en los que reina la sequía y en otras ocasiones caen lluvias torrenciales. Nuestro trabajo es construir un sistema de canalización. De este modo, tendremos cierto control sobre ellas para que no nos sobrepasen, siempre dejando un gran espacio para que surjan con libertad y bailen por nuestro cuerpo.

Te propongo una actividad para que cada día expreses lo que has sentido y de este modo, vacíes tus depósitos emocionales y los dejes listos para que vuelvan a llenarse al día siguiente. Al finalizar la jornada, coje un papel y lápices de colores, rotuladores, plastidecors, acuarelas o cualquier otro material que tengas por casa e intenta expresar cómo te has sentido ese día en forma de dibujo. Puede ser alguna forma clara (como una casa o una cara), colores mezclados o lo que se te ocurra. Cuando hayas finalizado, ponle nombre a esas emociones. Por ejemplo, dibujas una sonrisa y escribes “alegría” o dibujas una nube negra y escribes “frustración”. Es un ejercicio muy libre en el que simplemente se trata de conectar con las emociones del día y luego nombrarlas para así ser consciente de cómo te has sentido. En un día puedes haber sentido infinidad de cosas, así que no te cortes a la hora de dibujar distintas sensaciones.

Este ejercicio sirve para tomar consciencia de lo que se siente y vaciar los depósitos. Es importante ir soltando emociones porque de este modo limpiamos nuestro interior y lo prevenimos de una “explosión” por acumulación. El dibujo y las palabras que lo definen serán, en este caso, tu acueducto particular para que puedas darle una salida a todo aquello que ha entrado durante el día.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Descubrir el origen de las emociones

Cada persona, situación, experiencia que se topa con nosotros, inevitablemente genera un impacto. A veces es mínimo y otras, enorme. Aunque no seamos capaces de verlo, nuestras conexiones neuronales se han modificado al recibir ese impacto. Esto significa que no somos inalterables, que lo que nos ocurre, nos afecta.

Una forma de exteriorizar es a través de las emociones. Cuando éstas se activan, nos damos cuenta claramente de que algo ha sucedido, pero no siempre indagamos sobre lo que ha ocurrido y de qué manera una experiencia concreta ha afectado nuestro estado de ánimo.

El ejercicio de hoy trata de ponerte en contacto con tus emociones, con los cambios que generan en ti las experiencias vividas a diario. Durante unos días, cada vez que sientas una emoción: como puede ser alegría, tristeza, rabia, amor, miedo, deberás apuntarla en un papel junto con la situación que la ha provocado, haciéndolo de la forma más concreta posible. Por ejemplo, he sentido nostalgia al encontrarme con un amigo de la juventud. La nostalgia estaría dentro de la categoría de tristeza, pero es más específica. Al final de cada jornada releerás tus emociones y de esta foma estarás siendo consciente de cómo te has sentido durante el día y qué lo ha provocado.

Si realizas este ejercicio de una forma continuada, al cabo de un tiempo serás capaz de descubrir el enlace entre las emociones y las experiencias que las generan y, por lo tanto, sabrás dónde buscar las emociones positivas cuando las necesites y también cómo evitar que las negativas se descontrolen, al conocer las situaciones que las disparan. Además, podrás ver qué emociones tienen más protagonismo y cuáles son las que quedan poco exploradas.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Cómo dejar de comer compulsivamente por ansiedad

Hace unos días, mi amigo Roberto Sánchez (entrenador personal) me propuso colaborar en su blog Escucha tu Cuerpo, un espacio dedicado a la actividad física, la alimentación, el estilo de vida y muchos temas más que nos ayudan a equilibrar nuestro cuerpo. Me encantó la idea de aportar mi granito de arena a su fantástico blog, así que aquí tenéis mi primer artículo, enfocado a la ingesta compulsiva de comida. Iré colgando todas mis colaboraciones con él, pero os recomiendo que os apuntéis a visitar su “madriguera” asiduamente porque vale la pena.

La comida es un elemento esencial en nuestra vida por razones obvias, pero también tiene una vertiente psicológica: es una de las formas que tenemos las personas de expresar nuestras emociones y carencias. A través de lo que nos apetece, de nuestros impulsos y elecciones a la hora de asaltar la nevera, podemos descubrir qué nos falta y por lo tanto, detener la ingesta compulsiva, cubriendo esa necesidad de otro modo.

Cómo diferenciar comer por hambre o por ansiedad

La línea entre ambas conductas es fina y en ocasiones se encuentran solapadas, por lo que es difícil separalas tangencialmente. De todos modos, puedes reconocer la voracidad ansiosa cuando tienes un antojo de algun alimento concreto y en el momento que empiezas a ingerirlo, sientes que no puedes parar o que necesitas comer más, incluso después de saciarte. Esta conducta, además, suele tener lugar entre horas, es decir, entre comidas y la sensación principal no es la de hambre, como cuando te ruge el estómago, sino la de ansiedad.

Qué hacer para combatir esta ansiedad

Mientras estás en pleno apogeo es complicado detenerte, ya que te encuentras en un estado de descontrol emocional. El mejor momento para actuar es después y servirá para prevenir futuras recaídas. Se trata de que te preguntes qué necesidad está cubriendo la comida que has ingerido compulsivamente y la satisfagas. A continuación, tienes algunas claves para facilitarte la tarea.

Clasificación de alimentos y la necesidad interna que cubren

  • Azúcar: tener la necesidad de ingerir cualquier alimento dulce, denota una necesidad de cariño.
  • Sal: el consumo de comida salada significa necesidad de normas, estructura.
  • Picante: un antojo de comida picante en exceso evidencia la necesidad de vivir experiencias, de movimiento.

Cómo llevarlo a la práctica

Ahora que ya conoces las principales claves simbólicas del dulce, el salado y el picante, debes ser consciente de los ámbitos de tu vida en que tienes estas necesidades. Una vez los hayas identificado, piensa de qué manera puedes cubrirlas. Por ejemplo, si tu ingesta de azúcar está provocada por una falta de cariño a nivel de pareja, muéstrate más cariñosa con ella. Si por el contrario, tu falta de cariño la relacionas a no tener pareja, empieza por mostrar afecto a tus allegados: familia, amigos, compañeros de trabajo… Verás como así reduces tu necesidad de comer azúcares.

Por otro lado, si tus atracones son de comida más bien salada, debes buscar ese ámbito que se encuentra caótico y desordenado y establecer unas normas.

Cuando tu objeto de abuso sea el picante, crea nuevas cosas, muévete, haz ejercicio, visita nuevos lugares y estarás paliando esa necesidad.

La importancia del por qué

La ingesta de comida es otra de las formas que tenemos de expresarnos. Tanto la manera en que comemos (compulsiva, pausada, a trompicones) como el alimento elegido, nos dan una información muy valiosa sobre nosotros mismos: cómo estamos, qué nos falta. Si no nos gustan nuestras acciones o no son sanas para el cuerpo, pero conocemos el por qué las llevamos a cabo, podremos encontrar un modo distinto de saciar esas necesidades internas que todos tenemos en un momento dado. Es perfectamente normal sentir falta de cariño, de estructura, de movimiento, pero tenemos que encontrar otra forma de canalizarlo que no sea la ingesta compulsiva de alimentos.

Cada uno puede liberar su imaginación para encontrar nuevas maneras de endulzar, salar o añadir picante a su vida en sentido figurado. Animaros a dejar un comentario contando vuestros métodos para que los demás podamos ponerlos también en práctica.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)

Tu kit de herramientas

Cuando nacemos no venimos sólo con lo puesto. Llevamos un kit básico de herramientas que cada vez se irá tornando en más sofisticado, si se aprende a usar. Este kit está formado por las habilidades que nos vienen de serie, esas que se espera que usemos porque nos ayudarán a cumplir nuestros objetivos y a situarnos en un camino que sea útil y provechoso para nosotros.

Todos disponemos de este kit, pero la dificultad principal es ser conscientes de ello. Es algo que tenemos incorporado en nuestro interior, que está ahí para ser desarrollado, pero muchas veces sólo alcanzamos a usar unas pocas herramientas porque no nos damos cuenta de que lo tenemos.

El ejercicio de hoy es preguntarte cuáles son esos poderes, las características especiales que están dentro de tu kit. Eso que se te da bien, que te gusta, que disfrutas realizando. No se trata de realizar una búsqueda superficial, sino algo más profundo (puedes probar a través de una meditación). ¿Qué es lo que de verdad te sale de forma natural? ¿En qué aspecto te desenvuelves como pez en el agua? Cuando lo hayas descubierto, poténcialo al máximo, conviértelo en una herramienta para tu trabajo y tu vida en general, sácale partido a este kit que siempre has tenido. Son tus valores básicos para desenvolverte en el mundo. Cuanto más los uses, más los dominarás y mejor te funcionarán.

¡Apasiónate, vive, cambia!

Silvia Llop, psicóloga (colegiada núm. 20495)